Desde las entrañas

Posted: febrero 9, 2012 in Uncategorized
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Me siento frente a la màquina porque quiero escribir… quiero escribir pero no sè què.Escribir me calma como la mùsica calma a las fieras… pero calmarme por què? Què me daña hoy, què me perturba?

Seràs vos? Vos y el irremediablemente horrible recuerdo del vacìo que te sobreviviò? Vos y tus flores y tu nombre en mi piel? Vos y el dolor fìsico que intentò reemplazar al del alma, pero no pudo… Vos y tu maldita ausencia. Vos y la certeza de que no vas a volver.

Como èl… que no volviò. Que a pesar de lo mucho que lo esperè cuando era chica, nunca volviò. Que su irreparable condiciòn de muerto no lo dejò volver a mì que lo extrañè y necesitè màs de lo que hubiera pensado. Èl… en el que no dejo de pensar ahora que me toca pintar paredes, hacer muebles, reciclar sillas. Èl que hubiera sabido hacer todo lo que a nosotros tanto se nos complicò. Èl al que cada dìa recupero un poco màs de la maraña de recuerdos que no me dejan verlo claro.

Sì… esto es. Lo inùtil que me siento frente a la muerte. Lo pequeña y  desarmada que me encuentro cuando la muy puta viene a golpear puertas que no deberìan abrirse jamàs ante su visita.

Lo triste que me siento sin vos y sin èl me golpe las entrañas cuando creo que todo està en orden. Cuando por fin apago las luces de la casa.

Desde las entrañas

Posted: febrero 9, 2012 in Uncategorized

Me siento frente a la màquina porque quiero escribir… quiero escribir pero no sè què.

Escribir me calma como la mùsica calma a las fieras… pero calmarme por què? Què me daña hoy, què me perturba?

Seràs vos? Vos y el irremediablemente horrible recuerdo del vacìo que te sobreviviò? Vos y tus flores y tu nombre en mi piel? Vos y el dolor fìsico que intentò reemplazar al del alma, pero no pudo… Vos y tu maldita ausencia. Vos y la certeza de que no vas a volver.

Como èl… que no volviò. Que a pesar de lo mucho que lo esperè cuando era chica, nunca volviò. Que su irreparable condiciòn de muerto no lo dejò volver a mì que lo extrañè y necesitè màs de lo que hubiera pensado. Èl… en el que no dejo de pensar ahora que me toca pintar paredes, hacer muebles, reciclar sillas. Èl que hubiera sabido hacer todo lo que a nosotros tanto se nos complicò. Èl al que cada dìa recupero un poco màs de la maraña de recuerdos que no me dejan verlo claro.

 

Sì… esto es. Lo inùtil que me siento frente a la muerte. Lo pequeña y  desarmada que me encuentro cuando la muy puta viene a golpear puertas que no deberìan abrirse jamàs ante su visita.

Lo triste que me siento sin vos y sin èl me golpe las entrañas cuando creo que todo està en orden. Cuando por fin apago las luces de la casa.

 

El gigante

Posted: enero 12, 2012 in Uncategorized

Ahora tengo mi escritorio. Uno de verdad. Uno como esos donde se supone que la gente que estudia, estudia. Se sienta
y lee, y subraya y resume.
Ahora que tengo un escritorio quisiera escribir. Mucho. Todo el tiempo.
Pero escribir sobre què? Las autobiografìas no son mi fuerte. Sobre todo si el “auto” se refiere a mì. A mì y mi vida
poco novelable.

Una infancia nula. Borrada casi en su totalidad de mi cabeza por la fantàstica ediciòn de la memoria selectiva.
Un ùnico recuerdo nìtido que se desliza en la memoria cada vez que puede. Que se repite siempre ante lo inexorable
e inetivable de la muerte de algùn ser querido o de algùn conocido. O incluso, a veces, de algùn desconocido.
Un ùnico pasillo de màrmol con una ùnica escalera caracol. Unas ùnicas miradas atònitas y desconcertadas frente a mi
presencia en aquella ùnica sala velatoria.
Una frase desafortunada, un cajòn demasiado alto para mì poca altura y mi corta edad. Un ùnico padrino levantàndome
del suelo para que lo viera… para que me despidiera de èl.
De èl. Mi ùnico padre.
Un hombre bueno. Un hombre que se fue en silencio. Custodiado por el mismo silencio con el que viviò.
Un hombre que me quiso como nadie pero no supo decirlo a tiempo.
Un hombre simple. Paciente. Fuerte.
El ùnico hèroe en mi vida. Mi ùnico hèroe. Pero cometiò el error de no reconocerse mortal.
Un hombre al que odiè la ùltima noche que estuvo vivo.
En mi inocencia, en mi niñez, còmo iba a saber yo que ese dìa no tenìa que anojarme tanto con èl.
Còmo iba yo a saber que ese Domingo la carrera de TC iba a ser su cortejo fùnebre y no su entretenimiento. Y que a partir de ese dìa, se enfriò màs el invierno.

Mi padre fue sabio y fue un hombre bueno.
Mi padre fue mi infancia.
Mi padre fue.
Quisiera un es.

mi MEJOR amigo: ISAM MARUF

Posted: julio 26, 2011 in Uncategorized
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En una actualidad en la que nada tiene sentido y todos descreemos de todo y de todos. Inmersos en una sociedad que nos fuerza a la competencia despiadada y sin cuartel. En días donde sólo sobreviven los más aptos y la mayoría de nosotros vemos morir el respeto, la solidaridad, el interés por el otro en un cajón de la mesa de luz. En una época donde nos da miedo salir a la calle por si nos roban las pertenecias o la vida, donde lo que tenemos vale más que lo que somos para el grueso de la gente. Con gente que no para de correr, de trabajar, de quejarse y sufrir. Contagiándonos las penas y siendo testigos de la mentira y la deslealtad cada vez que ponemos el noticiero. De la exposición y el mercado de carne al alcance de todos. Con una realidad que nos vende que los que valen son ricos, lindos y comercializables decidí parar la pelota y ver las cosas que realmente importan.

A mí no me vendieron esa historia.

Yo tengo otra:

Hoy es 26 de Julio del año 2011. Mañana mi mejor amigo va a estar volando junto a su flamante esposa hacia una nueva vida.

Cuando uso la palabra “mejor” no la uso vacía de sentido como muchos.

Es mi MEJOR amigo.

El mejor de todos.

El que sabe más escuchar de sentimientos que compartir los suyos.

Siempre con el chiste justo y la risa transparente.

Sensible en sus fibras más profundas y distante… como protegiéndose.

Lo viví en muchos de sus momentos y estuvo conmigo en muchos de los míos. Siempre ahí.

Muchas veces en silencio. Ese silencio necesario y mucho más abrazador que cualquier palabra.

Siempre justo, algunas veces (después de algún vino) un poco desmedido y ahí es cuando aparecíamos nosotros a cuidarlo de los que querían fajarlo por fastidioso… jaja Gracioso… muy gracioso!

Y con una inconmesurable capacidad de amar. De amarnos a nosotros, los amigos imperfectos y quizás no tan nobles.

Podría extenderme, saben que podría, pero qué voy a contarles a uds lo que es Isam?? Como si no lo conocieran!

Lo que quería simplemente era decirte esto Maruf:

Sé feliz. Si hay alguien en este mundo que se merece eso sos vos. Que las pasaste feas. Que tuviste que salir a flote más de una vez y no dejarte caer. Que te guardaste los sentimientos como quien esconde un tesoro hasta el día en que, por fin, te hicimos llorar! Y fue de felicidad. Qué mejor honor para nosotros que hacerte llorar de felicidad…

Y que voy a estar acá… o allá con vos cuando sea. Como sea. Como lo hiciste vos conmigo. SIEMPRE

en ella

Posted: enero 5, 2011 in Uncategorized
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Los últimos dos post de este blog hablan de lo mismo. Perdón por la insistencia, por lo monotemática que estoy y sobre todo, como diría Sabina, perdón por la tristeza.

Desde el 7 de noviembre hablo de lo mismo, pienso en lo mismo, escribo de lo mismo… a lo mejor en un intento frustrado una y otra vez de resolver el tema… o con la inocente esperanza de entenderlo… o simplemente, de aprender a vivir con él. Desde el 7 de noviembre ando por la vida con la misma horrible sensación de haber perdido una parte. Una de esas que se tornan fundamentales para seguir adelante. Como si hubiera amanecido sin el brazo derecho y tuviera ahora que encontrarme con la necesidad de aprender todo de nuevo.

Estoy enojada. Me despierto todavía durante algunas madrugadas llena de bronca. Queriendo empujar de la cama a mi novio, al gato, a mi misma. Apreto los dientes cuando duermo como si en eso se me fuera la vida. Y me levanto fastidiosa. Pero a medidados de la tarde, de algunas tardes, me innunda la tristeza.

Yo tomé conciencia de la muerte de mi papá día que se rompió mi Barbie preferida y entendí, con mis pocos 9 años que ya no había vuelta atrás. Que nadie, nunca más en la vida iba a poder arreglarme una Barbie. No como él. Que ahora la solución era comprar una nueva o reemplazarla por otra porque esa, a la que le cepillé demasiado fuerte el pelo con la certeza de que si se rompía papá la arreglaba, ya no servía más. Lloré tanto y con tanta tristeza. Me sentí tan sola ese día que nadie lo entendió. Ojo, a mí me llevó casi 3 años de terpia entenderlo asique esto no es un reproche.

Con la abuela es distinto. Enfrentarme con la responsabilidad de cocinar lo que ella cocinaba todos los años para las fiestas  fue la burla del destino más cruel de mi vida. Porque me encontré con que yo cocinaba para que ella estuviera orgullosa. Para que ella supiera que estaba aprendiendo de su mano  a cocinar. Para que cuando probara algo hecho por mí supirea que estaba aprendiendo bien. Y me vi preguntándome por qué carajo no le cociné cuando podía probarlo. Como el día que me ayudó hacer galletitas para un San Valentín.

Pero leyendo el blog de Orsai sentí que hablaba de mí. De nosotras y del miedo que tuve la primera vez que entré a su casa sabiendo que ya no volvería. Y de la tristeza que me da todavía hoy encontrarme con esos muebles tan vacíos de ella. Con sus cosas que ahora son mías y conmigo y mis ganas de cambiar todo por volver a verla.

Desde que se fue perdí las ganas de muchas cosas, entre ellas, de cocinar. Pero Hernán tiene razón… a partir de ahora, cuando cocine voy a pensar en ella. En ella y lo mucho que se enojaba cuando yo era hippie y me vestía casi como un varón. En ella y en la primera vez que me pintó las uñas en mi vida. En todas esas cosas que la hicieron mía y sobre todo, en la admiración con la que la miraba cocinar ya desde chica y en el gusto inigualable de su guiso de mondongo.

Voy a pensar en ella todos los días con la esperanza de que me vea. De que sepa que aprendí. Que mucho de mi interes por la ropa y por intentar estar siempre linda me lo copié de ella. Que me vea y que pueda reconocerse en mí. Que tenga la certeza de que gran parte de la mujer que soy es un poquito gracias a ella.

Hoy hace poco más de un mes.
Tu ausencia duele como el primer día.
Como el miedo que arratramos de que no te despertaras.
Como la tristeza de saber que tu cuerpo no te respondía.
Con la misma intesidad que la de la alegría el día que nos volviste a ver.

Mis ganas de abrazarte se quedaron anudadas al vacío de tu cama.
Tu casa se mantuvo lista… esperándote.
Intacta

Habrás sabido alguna vez lo mucho que te amaba?
Me habrás visto seguir tus movimientos tratando de retener las cosas que sabías,
las cosas que enseñabas?
Habrás sentido alguna vez cuánto te admiraba?

Cada cosa que fue tuya te conserva y merece ser guardada.
Cada adorno, cada receta, cada planta.
Todo mantiene eso que eras… siempre hermosa, siempre atenta
siempre dulce, siempre nuestra.

Quisiera esconder todo en un rincón
mantener todo como cuando ibas a volver,
como cuando tus cosas aún te esperaban.
Tengo miedo de perderte en el derrumbe,
de que te vayas con la venta,
de olvidarte en la mudanza.

Leí en algún nick de mi hermano que la gente tiene la MALDITA costumbre de morir…

Todavía me resulta irreal y aterradora la asociación entre la sonrisa de la abuela y sus manos siempre cálidas con la fría y extremadamente triste ausencia de la muerte. Escribo esto y me freno. Aguanto las lágrimas en el borde de los ojos como si colgaran de alguna rama seca. Pienso en otra cosa, cambio de ventana y vuelvo. La imagen de su cuerpo ya sin ella me trae a la realidad. Intenta convencerme de que es cierto, de que es a mí a quién le está pasando. De que somos nosotros los que ya no vamos a ser nunca más los mismos. De que esas cosas que eran nuestras, que eran comunes, ya no son.

Pienso en sus manos… la puta madre cómo voy a extrañar sus manos. Y su sonrisa entrando en la cocina mientras yo mojaba el pan en la salsa y me robaba pedazos de salchicha. Y su amor por las plantas, y ella siempre coqueta y maquillada, y su casa inmaculada y el guiso de mondongo. Lo último que comimos con ella. Como si hubiera sabido…

Pienso en su teléfono, al que no voy a poder llamar para preguntarle cuánto tiempo dura la comida en el freezer o qué hacer con el helecho que se me está muriendo.

Y pienso en ella que amó a mi abuelo con locura y lo perdió y siguió viviendo. Y pienso que era demasiado mujer para vivir dependiendo.

Y pienso en mí y siento que me estoy desarmando y pienso en ella y sé que ahora sí, por fin, se está recuperando.

 

Desde que tengo uso de razón o memoria, mejor dicho, mi discurso siempre fue “de política yo no entiendo nada” y bajo ese lema, no opinaba. No me metía y, mucho menos, pensaba sobre el tema.

En realidad, ahora que lo escribo me doy cuenta de que tenía mis ideas formadas a partir de haber leído bastante. Sabía que un buen político es aquel que lleva sus ideales como bandera sin venderlos ni doblarlos. Sabía, por ejemplo, que no sirve de nada saltar de partido en partido sólo para obtener un lugar de privilegio en el gobierno (en cualquiera de sus ámbitos) sólo por tener un poco de poder. El poder… el peor consejero de todos los tiempos… el enemigo de los principios, de las ideas, de la humildad. El mejor amigo del miedo… el miedo de los otros.

Consideraba, a partir de esto, en desacuerdo o no con las ideas políticas en sí, que Jesucristo (de creer en su existencia) fue el primer, gran político. Que el CHE, fue otro. Dos revolucionarios. Dos tipos que defendieron lo que creían hasta el final. Hasta las últimas consecuencias. Uno, abandonado por su padre y traicionado por su discípulo. Otro, simplemente dejado a la merced del alcance de las manos de quienes querían deshacerse de él con el mismo ímpetu, con las mismas ganas con las que se luchó contra la rabia.

Desde muy chica me sentí golpeada por cosas que se terminaron un mes antes de que naciera. A los 15 años terminé de leer “Nunca más” con un nudo en la garganta, un vacío completo en el pecho y un terror animal creyendo que esto podría volver a sucedernos… que “eso”, específicamente, podría sucederme a mí. Ahora, estoy segura de que eso podría haberme sucedido a mí. Podrían haber sido míos los huesos rotos, la sangre derramada, el deseo de morir. Y me enorgullece. Porque sé que eso le pasó a quienes pensaban. A quienes defendieron la democracia hasta las últimas consecuencias… como Cristo, como el Che.

Hoy agradezco a Néstor y Cristina ya no tener miedo. Porque un pueblo que olvida es un pueblo que repite y ellos no nos dejaron olvidar. Ni a nosotros que sufrimos con el dolor de aquellos ni a los que lo vieron pasar de costado, sin decir nada y que hoy piden (desde el fondo más hondo de su ignorancia) que vuelvan los militares para “frenar la inseguridad” y, mucho menos, a quienes lo hicieron. A quienes, con las mismas manos que acariciaron a sus hijos (o a los hijos de otros que fueron apropiados), desnudaron sus cuerpos,  lavaron sus caras y sus culpas; fueron capaces de picanear hasta la muerte, empujar de helicópteros, ahogar en baldes, violar, robar…

Nosotros no olvidamos. La historia y quienes nos lideran hoy, no nos dejan.

Con la muerte de Néstor, ese tipo desgarbado y poco protocolar del que tanto se han burlado, empieza una nueva etapa. Se cierra la posibilidad de un “Nestor 2011″ pero se abre un mundo de nuevas alternativas.

Cuando me enteré de la noticia al principio no lo creí… después, cuando lo entendí… cuando pasó ese tiempo que siempre pasa entre la muerte y la realidad, me encontré preguntándome a quién votar el año que viene? Durante el transcurso del día, entendí todo. Entendí que no estaba sola en mi dolor. Vi millones de Argentinos desfilar a 6 cuadras de mi casa llorando, sientiendo que se les había perdido un amigo, un padre. Me encontré con miles de caras en las que pude reconocer la mía. La de una joven que volvió a sentir que la política puede ser de otra forma.

Sin ser demasiado demagoga, porque de eso hubo mucho durante estos días, sólo quiero agradecer…

Porque a partir de ahora, nuestra Argentina es otra. Porque hay miles de personas sintiendo esto, sabiendo que hay que recuperar el pensamiento, la opinión. Porque, sin ir más lejos, podemos opinar. Podemos disentir, podemos manifestar, podemos estudiar.

Gracias porque ahora creo un poco más en la política… porque ahora puedo descansar sabiendo que hay una mujer, una vecina del barrio, que hoy está llena de dolor pero que sabe, sobre todo y ante todo sabe que hay un pueblo que está con ella. Que no la va a dejar caer.

la gente no te va a dejar caer

Los que pasamos los 25 y, especialmente aquellos que pasaron los 30 (no es mi caso),  solemos tener la costumbre de hablar con desconocidos prácticamente de las mismas cosas una y otra vez.

Particularmente, ni siquiera soy de las que conversan demasiado con extraños, o con conocidos no muy conocidos o, incluso hasta a veces no hablo con conocidos pero me encontré más de una vez teniendo que opinar sobre las “aberrantes” consecuencias de la globalización y el paso del tiempo.

La frase infaltable en este tipo de encuentros es “antes estas cosas no pasaban” y, normalmente, el “estas cosas” puede incluir absolutamente de todo: que los chicos no jueguen más en la calle por inseguridad o porque se la pasan horas sentados frente a una compu; que no se pueda dejar la puerta de calle abierta sin que, en menos de 20 minutos nuestra casa se convierta o en un aguantadero de delincuentes o en una casa tomada con nosotros adentro y todo; que antes un laburante podía comprar una vivienda sin tener que hipotecar el culo de su señora y el futuro de sus hijos; que los matrimonios eran para siempre; que los hijos no hablaban en la mesa y jamás se les hubiera ocurrido discutir con sus padres; que la gente leía más y  miraba menos programas como los de Tinelli; que la comida más rápida que existía eran los fideos de mamá; que los chicos aprendían a decir primero “papá” que “coca-cola”; etc etc etc.

Es cierto… nos hemos globalizado. Adoptamos costumbres de otros países. Copiamos leyendas, nos adueñamos de historias, marcas y servicios que no hubieran existido sin internet, el teléfono, los aviones. Fuimos categorizados… ahora los países son de un mundo (porque parece que hay varios) y nosotros somos del tercero. Algunos de nosotros hasta tenemos amigos viviendo en partes del mundo que hasta hace poco, no existían en nuestros mapas mentales.

Pues bien, aceptémoslo: somos nacionalistas sólo en lo que a deporte respecta. Yo, por mi parte me hago cargo: consumo música, ropa, cine, litertura, productos y servicios con nacionalidades distintas a la mía. Lo que sí nunca voy a perdonar es haberme cruzado ayer con una paloma haciéndole un mano a mano a una hamburguesa de Mc Donald’s.

Como cuando niña pero de grande

Posted: septiembre 27, 2010 in Uncategorized
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Cuando somos chicos los amigos son para toda la vida. Hasta que toda la vida se convierte en el juguete que no te quiere prestar o el chiste que le hiciste y lo hirió o, sin ir más lejos, el cambio de aula o de colegio.

Cuando sos un crío, la vida se reduce al minuto a minuto de un ranking donde tus amigos bajan y suben de los puestos que le tocan en función a su desempeño efímero en un juego. Porque la amistad termina siendo eso… un juego. Querés y odiás con la misma intensidad. Te peleas, te mandas cartitas, te amigas.

Pero terminas el colegio primario y si no seguis en la misma secundaria, excepto que una red social como “facebook” te lo permita, no volves a ver a tus “mejores amigos para toda la vida” que te duraron 7 años de escolaridad.

Después en la secundaria entras en la etapa en la que rebotás de una amistad a otra buscando algo con qué identificarte. Si te jactas de inteligente nunca vas a querer ser parte de las “divinas”… pero todo esto de la boca para afuera. Por dentro te re gustaría ser del grupo que siempre anda con los chicos de años más grandes. Peeeeero… si no te da el lomo, el carisma te lo agradecemos pero no te alcanza para comprar fama.

Así es como te haces hippie, darky, punk, new romantic, fanática de los Jonas Brothers o una autómata sin sentimientos y que roza el autismo como quien acaricia a un perro dormido, sólo por pertenecer.

Cuando terminás la secundaria ahí sí, por fin, crees haberte encontrado con el mundo real. Ooootra vez te deshiciste de un listado de amigos que también eran para siempre y te quedaste con 2 o 3. Buenos, buenísimos pero pocos.

En la facu, si sos un poco menos como yo, seguramente socializas y terminás encotrando gente copada a los que, con el tiempo, llamás amigos. Pero a medidad que vas avanzando las distancias se van agrandando y el diálogo es cada vez menos fluido y habitual hasta que sólo los saludas si te los cruzas por los pasillos y de reputa casualidad.

Y por último, el trabajo… llega un punto en que pasas tantas horas que no te queda otra que socializar. Y como estás más grande, con más experiencia y menos pelotuda, crees que esas amigas sí te van a durar para siempre. Qué ilusa sos chiquita!! es que no aprendiste nada??

La peor de las decepciones es encontrarte con la gente que querés diciéndote cómo deberías vivir, qué decisiones deberías tomar y cuál es la acción correcta que tenes que adoptar para llevar adelante tu vida.Tus elecciones…

Qué loco, no?

Cuánto más grande estas, más expuesta te encontras a autoritarismos, totalitarismos y decepciones que al final del día, resultan más dolorosas que el echo de que Martita no te haya prestado el caballo de Barbie que tu mamá no te podía comprar.